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Sala de cine de Piccadilly, en Perth (Australia). Fuente: Rob Chandler. |
Con la llegada del cine sonoro a finales de la década de 1920, un problema arquitectónico importante a solucionar tenía que ver con el acondicionamiento acústico de las salas. Éstas eran demasiado reverberantes como para hacer posible una buena comprensión de los diálogos de los actores. Habían sido diseñadas para potenciar el sonido de las grandes orquestas que acompañaban a los filmes en el cine mudo, que se beneficiaban de los tiempos largos de reverberación de los recintos. Los problemas de reverberación de las salas, sin embargo, se solucionaron relativamente pronto, con el empleo de materiales absorbentes en las paredes, techo y suelo, que eliminaban casi por completo las reflexiones del sonido.