Con la llegada del sonoro,
la voz adquirió una importancia central en la estética fílmica, al tiempo que trajo un nuevo inconveniente: la traducción de los diálogos. Un problema que la industria cinematográfica trató de solucionar a través de varias fórmulas: el rodaje de
versiones múltiples de los filmes en distintas lenguas, el
subtitulado y, finalmente, el
doblaje. El objetivo era plantear un tipo de cine que lograra el
equilibrio entre lo que demandaba el mercado y la especificidad cultural de cada nación. En palabras de
Laura Mulvey, “un cine que trascendiera la fragmentación de la cultura. Este cine integraría la voz dentro del espectáculo” (Mulvey, 2007: 15).